JAIME SABINES GUTIÉRREZ.


Por *Mtro. Virgilio A. Arias Ramírez-C.
International The News
Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, el 25 de marzo de 1926 y falleció en 1999; hijo de Julio Sabines de origen libanés que llegó en 1914 como capitán del ejército carrancista con Jesús Agustín Castro y Luz Gutiérrez nieta del ilustre liberal Joaquín Miguel Gutiérrez originaria de Tuxtla. Sabines relata que de niño tuvieron necesidad de cambiar varias veces de residencia por el empleo de su papá: Ciudad de México, Tapachula y luego de vuelta a Tuxtla, que es donde fue más feliz, mayormente cuando iban al ranchito llamado la Lomita o en sus fugas con los amigos al río El Sabinal, y es que ese ambiente de la naturaleza influyó mucho en él, Tuxtla tenía como 18 mil habitantes viviendo en un ambiente familiar, con las puertas y ventanas abiertas.

Comentaba que tenía buena memoria y le gustaba declamar, en 1942 cuando ganó el primer concurso convocado por la Dirección General de Educación Pública para celebrar el día del Maestro. Con sus amigos: Rodolfo Sayeg, Manilo de León, Luis Aquino, Néctar Mendoza, Moisés Palacios y él como Director fundan el periódico El Estudiante y en 1944 publica su primer poema con el seudónimo SAISAB que dice: ¡Porqué nos hemos de decir adiós?/ acaso piensas que después de amarte caerá el olvido sobre el corazón?/¿No ves ilusa que la vida entera te pertenece?/¡¿Y yo olvidarte?!/¿Puede el hombre olvidarse de su Dios? En mayo de 1946 logra la Licencia como locutor categoría “B”; era admirador del poeta español Federico García Lorca, de quien tomó la palabra TARUMBA.

Jaime Sabines al concluir la preparatoria llega a la Ciudad de México, para estudiar medicina influido por su maestro Cheo Palacios porque quería descubrir medicamentos, investigar y él dice que fue

la mayor tragedia de su vida, pero a los diecisiete años uno no sabe lo que quiere. Vivía en la calle de Belisario Domínguez 43, donde hasta la madrugada escuchaba la alegría de los Centros nocturnos de esas calles del centro. En esas fechas leía a Salvador Díaz Mirón, López Velarde, Manuel J. Othón y Amado Nervo; pero también la Biblia “el padre de todos los libros”. Él estudiando en la escuela de medicina, se encuentra con su paisana Josefa Rodríguez que estudiaba odontología, se hacen novios en 1946 y se casarían en Tuxtla en 1953.

En 1949 el poeta había escrito el libro Horal, con 64 poemas, mismo que al hacerle revisiones lo dejó solamente con 18; le siguieron otros poemas entre ellos Los Amorosos, porque él consideraba que: “eso ha sido mi vida, llorar la vida pero la hermosa vida; es decir, el amor a la vida, el gozo doloroso de las cosas”. Él comenta: Yo era admirador de Pablo Neruda y en 1950, sabiendo que se encontraba en México le pedí a mi amigo periodista Carlos Ruiseñor Esquinca quien le haría una entrevista, que me llevara con él, en esa ocasión tome un ejemplar de Horal para entregárselo y ver que me decía, al ver que solicitaba cooperación para editar sus obras, el gran poeta de América huyendo de la dictadura de González Videla, dije: ¿Eso es lo que me espera a mi? Y desde luego no le enseñé mi libro.

También en el año de 1950 en el periódico Sur de Tuxtla Gutiérrez, se publicó: Romance de la niña tuxtleca, que dice: niña tuxtleca, la niña / de mirada siempre viva / aquella que Serra Rojas / me sugiere en la cautiva / ramazón de algún consuelo / excitante y prohibitiva. Y el poema Horal, ya comentado dice: El mar se mide por olas / el cielo por alas / nosotros por lágrimas / El aire descansa en las hojas / el agua en los ojos / nosotros en nada. Seguimos con Los amorosos: Los amorosos callan / el amor es el silencio más fino / el más tembloroso, el más insoportable / los amorosos buscan / los

amorosos son los que abandonan / son los que cambian, los que olvidan/ su corazón les dice que nunca han de encontrar / no encuentran, buscan.

En 1951 en la revista La patria chica cuyos editores eran: José Falconi, Enoch Cansino Casahonda, Rosario Castellanos, Otilia García de Rivas y Carlos Palomino, se publicó en la sección Así opinan nuestros poetas, el siguiente pensamiento de Jaime Sabines: “Afuera! Lejos la función trivial, la musiquita, la rima! … Hay que liberarse. El poeta no es un animal de adorno, ni la poesía un arete o un abanico. Somos hombres antes que poetas. Y lo hondo, lo profundo, lo oscuro, como lo claro y lo concreto del hombre, debe ir al poema, debe hacerlo, construirlo, con su mundo aparte… Y es que hacer un poema es llorar. Llora o ríe el poema, nosotros sangramos, parimos, cumplimos una función vital”.

Estudié dice Sabines, tres años en Filosofía y Letras ya que en 1952 mi papá sufrió un accidente; y no pude regresar de Tuxtla hasta 1959; y es que en 1953 mi hermano Juan se fué a México como diputado Federal y me ofreció que yo me encargara de su tienda de ropa; en este año mi trauma, mi silencio empieza, en ese año también me casé, era un poeta y sin embargo cada mañana tenía que levantar cuatro chingadas cortinas de acero y barrer la calle por dónde pasaba la gente tirando basura. Era un poeta, pero tenía que ponerme a vender metros de manta o delantales o no sé que carajos. Entre a formar parte de los ladrones autorizados: los comerciantes.

En 1952 apareció Adán y Eva, que fue su primera experiencia en el campo de la poesía en prosa, él ya se proponía escribir que sus letras fueran capaz de resistir la crítica literaria. Me sentía humillado y ofendido de la vida, ¿Cómo era posible que estuviese en aquella actividad, la más antipoética del mundo? Después de dos o tres años comencé a ser humilde, a decirme: que vaya al carajo el poeta.

José Casahonda Castillo, en su libro publicó: El Zarco, en dónde aparecen Castellanos Figueroa, Sabines Gutiérrez, Juan Bañuelos Chanona, Oscar Olivar Ruíz, Elvia Macías Grajales y Raúl Garduño Culebro, un texto sobre Jaime Sabines que empieza así: “Sabines vive aquí, en Tuxtla Gutiérrez, su tierra natal. Frente al mostrador del cajón de ropa El Modelo, pasa los días. Sus ojos zarcos miden los centímetros del metro y por sus manos de tradicional sensibilidad comercial pasan las piezas de Piqué español, de una tira bordada francesa y de manta India. Regatea con los marchantes. Vende y no vende. Es su oficio, un oficio noble, de ascendencia mediterránea. La labor cotidiana limita las horas de la creación poética. Pero el pan diario y la poesía pueden coexistir”. Tras el mostrador se escribió Tarumba.

En la parte posterior de la tienda estaba la casa y ahí escribió Tarumba en 1954, él dice: “Puede ser que Tarumba sea el único canto a la vida que he escrito, sí, pero para mí en ese momento era el canto a la sobrevivencia” y respecto de este poema, dice que a sus amigos no les gustó, que sólo Pedro Garfias que había llegado a Tuxtla en esos días y estaba en su casa, le dijo “Es el primer gran poema que hace usted” y el poeta agrega: “Tarumba fue un acto de afirmación, de fe de uno en el mundo y creo que sigue siendo eso para todos los jóvenes: aquí estoy, estoy plantado en el mundo, a pesar de los vendavales y las tormentas ¿Él mismo se pregunta quién es Tarumba? Mi otro yo. Recuerdo aquella época y me gusta, volvería a vivirla aunque haya sido de dolor y mucha angustia. Es un poema que se nutre en la calle, de un hombre que quiere llevar la vida normal…Y podríamos decir, que, probablemente se afianzó una esperanza.

También en 1954 se dio un incremento de la cultura en Chiapas, porque el gobernador del Estado general Francisco J. Grajales, había

apoyado la fundación del Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas, donde participaron Andrés Fábregas Roca, Alberto Marín Barreiro, José Falconi Castellanos, Enoch Cancino Casahonda, José Ma. De la Cruz, Antonio Vera Guillén, Mauro Calderón, Édgar Robledo Santiago, Rosario Castellanos, entre otros. Cuando aparece Tarumba, eran los tiempos de realidades para Sabines, de ahí sus alegrías y tristezas, pero ya era un personaje de las letras, aunque sentencia: “Todos vamos a vendernos Tarumba” y Recibe una carta de Elías Nandino (1956), quien le dice: “Su poesía es directa, limpia, íntegra sencilla, honda. ¿para qué recurrir a las palabras procaces? Existen pero para otro uso, más nunca para la poesía. No las Use”.

Pasa el tiempo y el gobernador del Estado Samuel León Brindis, le entrega el Premio Chiapas 1959 y él mismo declara que antes de recibir los cinco mil pesos ya los había gastado; pero trasciende su nombre y en el órgano de Ciencias y Artes de Chiapas, por medio de Javier Gutiérrez y Daniel Robles, recibe amplio homenaje; del Seminario la Universidad Veracruzana elogia su poesía, con texto Emilio Carballido, en la revista mexicana de Literatura y Cultura, al lado de Julio Cortázar, Isabel Fraire, Inés Arredondo, Jorge Ibargüengoitia, aparecen también los de Jaime Sabines y en la edición de 1966 de Poesía y Movimiento, escribe conjuntamente con Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis.

Sigue cosechando admiradores, principalmente entre los jóvenes y estudiantes que ya hacen cola para escuchar sus poemas; en su libro Maltiempo incluye su poema “Tlatelolco 68”. Y en diferentes auditorios, incluyendo el Palacio de Las Bellas Artes, Palacio de Minería, y diversos Estados del país y en extranjero se organizan homenajes a Jaime Sabines. En 1972 recibe el Premio “Xavier Villaurrutia”; es electo Diputado federal por Chiapas en 1976 y en 1988 el Gobierno de Chiapas crea el Premio Nacional de Poesía

“Jaime Sabines” y ese año nuevamente vuelve a la Cámara de Diputados pero esta vez por el Distrito Federal; en las dos ocasiones por el Partido Revolucionario Institucional. Existe casa de la Cultura en la Alcaldía Álvaro Obregón, que realiza cada año un festival en honor del poeta; también en la “Juan Rulfo”, donde cada año se organizan diversos actos culturales; en ambos participan chiapanecos de las Asociaciones de residentes en la Ciudad de México. Finalmente, en 1994 el Senado de la República lo condecora con la Medalla Belisario Domínguez.

En 1983 se editó su Nuevo recuento de poemas; formalmente se han editado trece de sus obras, Tarumba fue publicada en tzotzil, tsental, y Ch”ol; las trece han sido publicadas en trece idiomas.

 
 
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